


Volver a encontrarnos
Una reflexión sobre los vínculos que siguen ahí después de una pausa.
El lunes, en nuestra ronda de agradecimiento, uno de mis alumnos dijo:
“Gracias porque volvimos al colegio.”
Me sorprendió.
Porque después contó que esa mañana no había querido venir.
Había pasado muy bien las vacaciones y no tenía ganas de que se terminaran.
Pero ahora estaba contento.
Estaba contento de estar de nuevo con sus amigos.
Y entonces empezaron a hablar los demás.
Algunos tampoco habían querido volver.
A alguno le había dado pena terminar las vacaciones.
Pero ahora estaban ahí.
Juntos.
Y estaban contentos de volver a encontrarse.
Y después, durante la tarde, lo fui viendo una y otra vez.
Se abrazaban.
Me pedían juegos para hacer juntos.
Querían hacer el espejo.
Querían jugar A Sailor Went to Sea.
Querían estar cerca.
Y pensé que quizás eso también es parte de lo que hace que volver no sea tan difícil como imaginamos.
Porque cuando volvemos, no volvemos a empezar de cero.
El grupo sigue ahí.
Los vínculos siguen ahí.
Las ganas de encontrarnos siguen ahí.
Y quizás nosotros también necesitamos ese reencuentro.
Después de unos días de estar cada uno en su mundo, volver a vernos.
Volver a reírnos juntos.
Volver a jugar.
Volver a sentir que pertenecemos a ese grupo.
A veces, cuando se acercan las vacaciones, pensamos en todo lo que vamos a descansar y disfrutar cuando no haya colegio.
Y cuando llega el momento de volver, puede dar un poco de pereza.
A ellos.
Y a nosotros también.
Pero quizás el regreso nos recuerda algo que durante las vacaciones no siempre tenemos tan presente:
que hay personas a las que también extrañamos sin darnos cuenta.
Y que a veces, después de unos días de estar lejos, lo que necesitábamos era simplemente volver a encontrarnos.