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Para volver a estar presentes

Una reflexión sobre el movimiento, la atención y el aprendizaje.

Durante mucho tiempo pensé que para estar atentos había que quedarse quietos.

Quería que los niños se sentaran en ronda, con las piernas cruzadas, los isquiones bien apoyados en el piso, la espalda larga, respetando sus curvaturas naturales, y que permanecieran así mientras hablábamos.

Hoy sigo prestando mucha atención a la postura.

Pero ya no pienso que estar quietos sea la única manera de estar presentes.

De hecho, muchas veces hago exactamente lo contrario.

En medio de la ronda, cuando noto que necesitamos volver a conectar con lo que estamos haciendo, introduzco movimiento.

Ahora estamos trabajando con las arañas.

Entonces, de repente:

¡Las arañas suben!

Un brazo se estira hacia arriba mientras la otra mano camina como una araña por el brazo.

Después cambiamos de lado.

¡La araña camina, camina...!

Y las manos caminan hacia adelante mientras el cuerpo se estira.

¡Y nos estiramos!

Y, de repente:

¡Cambiamos las piernas!

Todos cambian el cruce de sus piernas.

Parece un juego.

Y lo es.

Pero también es una manera de volver a despertar el cuerpo y traer la atención al aquí y ahora.

A veces hago un palmoteo y todos saben que es momento de cambiar de lugar dentro de la ronda.

Y después seguimos.

No hace falta esperar a que estén inquietos para movernos.

Muchas veces el movimiento aparece antes, justamente para que puedan volver a estar atentos.

Con los alumnos más grandes también hacía algo parecido.

En medio de una clase, sentados en sus sillas, aparecía:

¡SAS time!

Parábamos.

Estirábamos.

Respirábamos.

Y después seguíamos.

Durante mucho tiempo pensé que el movimiento interrumpía la atención.

Hoy siento que, muchas veces, la ayuda a recuperar.

Porque estar presentes no siempre significa estar inmóviles.

A veces significa poder escuchar lo que el cuerpo necesita.

Moverse.

Estirarse.

Cambiar de postura.

Respirar.

Y volver.

Creo que también como docentes vamos aprendiendo eso.

No todo lo que parece movimiento es distracción.

No todo lo que parece quietud es atención.

A veces, para poder volver a estar presentes, necesitamos movernos primero.

Y quizás una de las cosas más lindas de enseñar sea también eso:

aprender a reconocer cuándo necesitamos parar, cuándo necesitamos movernos y cuándo estamos listos para volver.

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