top of page

Las pequeñas cosas

Una reflexión sobre el poder de los pequeños gestos sostenidos en el tiempo.

Hace unos días, hablando con una docente del colegio sobre el taller que voy a dar este sábado, le dije algo que después siguió resonando en mí.

Le comenté que ojalá quienes participaran se llevaran algo valioso del encuentro.

Y enseguida agregué:

—Espero que no esperen milagros. Esto es un trabajo de goteo.

Mientras lo decía, me di cuenta de que eso mismo es lo que vivo todos los días en la clase.

Más tarde, otra docente se acercó a mi salón y se quedó un rato participando de la ronda con nosotros.

Una de las actividades consistía en pasarnos una campana de mano en mano intentando que no sonara.

Cuando terminamos, me dijo:

—¿Cuándo venís a hacer esto con mis alumnos?

Le respondí:

—Llevate la campana y probá la actividad. Pero no esperes que salga así la primera vez.

Hace unas seis semanas que la hacemos.

La primera vez la campana sonó en casi todas las manos.

Con el paso de las semanas fue sonando cada vez menos.

Hoy sonó una sola vez.

La mía.

Uno de los niños se rió y le dijo a la maestra:

—Ahora solo le suena a María.

Y me hizo pensar.

Ellos aprendieron a sostener la campana con la delicadeza suficiente para que no sonara.

Pero creo que, sin darse cuenta, aprendieron muchas otras cosas.

Aprendieron a esperar.

A regular el movimiento.

A prestar atención.

A concentrarse.

No pasó de un día para el otro.

Simplemente volvimos a hacer la misma propuesta una semana después de la otra.

A veces buscamos grandes actividades, grandes proyectos o grandes cambios.

Y, sin embargo, muchas veces una clase se construye a partir de pequeños gestos sostenidos en el tiempo.

Quizás por eso no espero milagros.

Creo en encontrar pequeñas prácticas que tengan sentido para mí y para mis alumnos.

Y en sostenerlas.

Porque cuando una práctica se sostiene en el tiempo, deja de ser una actividad más.

Empieza a formar parte de la vida de la clase.

Como preparar el cuerpo antes de almorzar.

Como hacer una pausa antes de empezar.

Como respirar.

Como pasarnos una campana de mano en mano hasta que, un día, deja de sonar.

Y entonces entendí que nunca se trató de la campana.

Se trató de todo lo que fuimos construyendo juntos, de a poco, en el camino.

bottom of page