


El disfrute de enseñar
Una reflexión sobre estar presentes para poder disfrutar lo que hacemos.
Hay algo que me pasa cuando entro a clase y que últimamente estoy pensando mucho.
Durante esas horas, estoy completamente ahí.
Puede estar pasando cualquier cosa afuera. Puedo tener mil cosas pendientes, algún problema para resolver, algo que me preocupa.
Pero cuando entro a clase, mi atención está ahí.
Con mis alumnos.
Con lo que estamos haciendo.
Con lo que está pasando en ese momento.
Y hace unos días, mientras escuchaba a Nazareth Castellanos hablar sobre la atención y el disfrute, hubo algo que me quedó resonando.
Ella explicaba cómo nuestra experiencia de una actividad puede cambiar cuando nuestra atención está en otra cosa.
Y pensé: claro.
Quizás eso tenga mucho que ver con el disfrute de enseñar.
Entonces empecé a mirar.
A pensar en otros docentes.
Por ejemplo, en secundaria, donde muchas veces hay que pasar de una clase a otra, de un grupo a otro, de un salón a otro.
Y pensaba en ese docente que está en una clase, pero ya está pensando en la siguiente.
En un rato tengo que ir a la otra clase.
Después tengo que hacer esto.
Después aquello.
Y me preguntaba:
¿Cuánto de lo que está pasando en esa clase llega realmente a disfrutarse cuando nuestra cabeza ya está en lo que viene?
Muchas veces estamos tan pendientes de todo lo que tenemos que hacer que nos cuesta estar completamente en lo que estamos haciendo.
Y también pensé en algo que observé hace unos días con una compañera.
Estaba resolviendo una situación relacionada con sus hijos. Algo que la tenía preocupada y que necesitaba atender.
Y mientras ella estaba pensando en eso, en su clase apareció una situación de conducta.
No pudo prestar atención del todo a lo que estaba pasando porque, en ese momento, una parte de su atención estaba en otro lugar.
Y no porque no le importara lo que estaba pasando en la clase.
Ni porque no quisiera estar ahí.
Simplemente porque a veces nos pasan cosas.
Tenemos preocupaciones.
Tenemos problemas.
Tenemos cosas que resolver.
Y aunque nuestro cuerpo esté en la clase, nuestra cabeza puede estar muy lejos.
Y entonces pensé que quizás esto también tiene mucho que ver con el disfrute.
Porque para disfrutar de algo, primero tenemos que estar ahí para vivirlo.
Y entonces volví a pensar en mí.
En esas horas de clase que, muchas veces, siento que pasan volando.
Me di cuenta de que una de las cosas que más disfruto de enseñar es justamente estar ahí.
Estar con ellos.
Escuchar lo que dicen.
Ver qué se les ocurre.
Seguir una conversación que no estaba prevista.
Reírme.
Cambiar una actividad porque apareció algo más interesante.
Estar atenta a lo que está pasando y responder a eso.
Durante esas horas, mi cabeza no suele estar pensando en lo que viene después.
Estoy ahí.
Y quizás por eso disfruto tanto.
Quizás el disfrute no dependa solamente de que lo que hacemos nos guste.
Quizás también dependa de cuánto estamos disponibles para vivirlo.