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Cuando la naturaleza entra en la clase

Una reflexión sobre explorar, crear y estar presentes a través de los sentidos.

El otro día preparé algo especial para mi grupo.

Estamos trabajando Forest Habitat y quería que pudieran acercarse a la naturaleza de una manera diferente.

Así que durante varios días fui juntando cosas que encontraba en la naturaleza: coquitos, orejas de negro, ramitas, piñas, pedazos de corteza de árbol y un montón de cosas más.

Cuando llegaron, había cosas de la naturaleza por toda la clase.

Después, cada uno recibió una bandejita de papel con un trozo de barro alfarero.

La propuesta era abierta.

Podían hacer lo que quisieran con esos materiales y crear algo relacionado con el bosque.

Pero lo que más me gustó no fue lo que hicieron.

Fue lo que pasó cuando entraron.

La reacción fue inmediata.

Querían tocar.

Mirar.

Preguntar.

Descubrir.

Agarraban los materiales, los observaban, los acercaban a la cara para sentir su olor, los tocaban para descubrir sus texturas.

Y entonces aparecieron los sonidos.

Las orejas de negro, por ejemplo, tienen unas pequeñas semillas adentro que hacen ruido cuando las movemos.

Así que también escuchamos.

Y mientras todo eso pasaba, algo fue cambiando en la clase.

Se armó un clima de calma.

De atención.

De concentración.

Estaban realmente ahí.

Sin apuro.

Pasaron un buen rato explorando, experimentando y creando.

Y yo los miraba y pensaba en lo diferente que puede ser una experiencia cuando no solamente les contamos algo sobre la naturaleza, sino que les damos la posibilidad de tocarla, observarla, escucharla, olerla y descubrirla con sus propias manos.

Ese día trabajamos Forest Habitat.

Pero también trabajamos con los sentidos.

Con la curiosidad.

Con la creatividad.

Y, sin haberlo planeado, pasó algo más.

Por un rato, no había apuro.

Solo naturaleza, barro, manos, sentidos y niños completamente metidos en lo que estaba pasando.

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